El origen de las tapas

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El origen de las tapas

La tapa es hoy en día una costumbre nacional muy arraigada en nuestro país. Tanto para locales como para turistas, esta pequeña porción de comida que sirve para acompañar una bebida, forma parte de la cultura gastronómica española y se ha convertido en todo un ritual en muchos puntos del territorio. Pero, ¿cuál es su historia?

 

El tapeo nació hace menos de un siglo y pasó de ser una comida humilde a símbolo gastronómico de España. De hecho el tapeo empezó a popularizarse en la segunda mitad del siglo XX, aunque tiene un origen un tanto incierto.

 

Hay quienes aseguran que surgió en Cádiz a raíz de una anécdota protagonizada por el rey Alfonso XIII durante su visita a la ciudad andaluza. Cuenta la leyenda que el monarca antes de regresar a palacio se detuvo en el Ventorrillo del Chato, una venta que aún existe actualmente. Alfonso XIII pidió una copa de vino de Jerez, pero las moscas amenazaban con bañarse en su vaso. Para evitarlo, un camarero cubrió el vaso del monarca con una loncha de jamón. Cuando el rey fue a dar un sorbo, el camarero le explicó: “Le he puesto una tapa para que no entren moscas en la copa”. Tanto le gusto al rey el invento del camarero que pidió otra ronda de Jerez, con otra “tapa” y de ahí surgió y se popularizó la idea.

 

Ninguna de las teorías tiene una base documental firme, pero si en algo coinciden sobre el origen del tapeo es situarlo en territorio andaluz. La primera fuente documental que hablaba de tapas – con su significado actual –  fue la revista La Alhambra, publicada en Granada en 1911. Y fue en esas fechas cuando llegaron a Madrid los primeros colmados andaluces, similares a lo que ahora entendemos por un tablao flamenco. Estos establecimientos servían tapas para acompañar los finos y manzanillas.

 

Los colmados se pusieron de moda rápidamente entre las élites intelectuales y económicas de la capital. Pero el gusto por el tapeo se acentuó después de la Guerra Civil española. Las penurias económicas de la población no permitían ir a un restaurante, pero sí – a unos pocos – les daba para entrar en un bar a tomar unas patatas bravas.

 

Las freidurías y los bares de tapas hicieron su agosto en tiempos de posguerra. Y al mismo tiempo empezaron a coger protagonismo en el País Vasco los primeros bares de banderillas o pintxos. Todo a semejanza de los antiguos colmados andaluces. Con los años, la manera de entender el tapeo se ha diferenciado en función de las costumbres y tradiciones de cada región. Por ejemplo, en Granada, Jaén o León las tapas son gratis y muy completas. En Madrid, Valladolid, Salamanca o Badajoz se alternan los sitios donde ofrecen tapas gratis con las de pago. En Bilbao, San Sebastián o Vitoria la costumbre es pagar pos los pintxos.

 

En sus inicios, las tapas no eran más que un trozo de jamón, chorizo o queso. En la actualidad, más allá de las tablas de embutido encontramos mini bocatas de lomo, choricitos a la sidra o guisos de todo tipo. En definitiva, todos los platos pueden tener su versión “mini”.

 

El tapeo, por su dimensión social, y su capacidad de favorecer la conversación y las relaciones sociales ha triunfado ya por todo el mundo. Si a eso le sumamos su precio económico y la variedad de alimentos que podemos comer de una sentada entendemos porqué las tapas se han colado en nuestro recetario popular. En definitiva, tapear se ha convertido en uno de los entretenimientos principales de España, ¿Te apuntas a probar nuestras tapas en La Cuina de Laietana?

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